Buscando en el tejado las llaves de tus ojos.
Siendo claro ante la incertidumbre.
Aprendiendo a ver el todo en la nada.
Comenzando el final y terminando el nuevo principio.
Siendo el perro abandonado de tu portal.
Veo que solo soy un imbecil,
otro estupido pirata de tu mar caribe,
tu despertador de as 7:30,
ese limite de los 120,
viendo en tus ojos todo lo que no quiero:
pactos con el diablo,
salitre por tus mejillas,
tanta ropa de color negro.
Queriendo saber tanto y preguntando tan poco.
Veo que hay respuestas sin solución,
miles de tormentas de silencios,
queriendo que tu mirada hable,
triste,
todo lo que el carmin no dice.
No te voy a dejar sola,
oyendo voces que no pertenecen,
viendo auroras imaginarias
y muros de cristal.
Se tanto que no quiero decir:
sangre que tiñe almohadas,
armas grises que rompen el tiempo,
abrazos callados en mitad del miedo.
Quien diría que la felicidad no es tan sencilla,
buscando otro refugio en mitad de la tormenta,
otra ducha de consuelo acuoso,
otro mundo que oscile con tu alma,
un claro que calle la lluvia.
Siempre me han enseñado que escribir es algo aburrido. Hace ya un tiempo que mis ojos se abrieron y descubrieron que todo eso era mentira. Aquí os intentaré enseñar que tengo razón. Para eso usaré mis versos.
viernes, 22 de julio de 2016
Tormantas de silencio
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