Ella provocaba un gran interés en él.
Él la observaba fascinado.
Recorre su figura con los ojos,
desea acariciar su pelo
pero se quedaba quieto, absorto.
Le da miedo romper la magia.
Pues el estaba encantado,
en todos los significados de la palabra,
encantado.
Ella se siente libre,
se mueve con la música
y de vez en cuando
le mandaba sonrisas desde sus ojos.
Tonteando con el mismo cielo,
bailando al lado del segundo sol.
Abren la boca y suspiran,
desean querer al amor,
y que el amor los ame
como se aman entre ellos.
Sus cuerpos se llaman,
se contradicen y se quieren.
Él la observa,
viendo algo que los demas no ven.
Y de cuatro en cuatro,
ella somete a su cuerpo a otro compas.
Él podría pasarse así toda la noche.
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