Volaban los incautos y los echiceros
a ras del placer de la noche.
Se sumergían en un dulce sueño
lleno de placer con aroma a pintalabios.
Cruzaron el puerto y navegaron sin rumbo,
sin saber el destino de sus pasos.
Angelical mano toque a su puerta,
pensará en sereno.
Ellos,
mendigos de besos baratos,
solo piensan en llamar a la puerta más cercana.
En conocer el cielo o el infierno
en el carmín de su perdición.
¡Alejate!
Te diría tu amigo,
¡Disfruta!
El que intenta serlo.
¡¿Quién no intentó bailar con la luna!?
Yo sí,
tengo sus quemaduras en el pecho.
Navegando por siempre,
sin rumbo por su olvido.
Siempre me han enseñado que escribir es algo aburrido. Hace ya un tiempo que mis ojos se abrieron y descubrieron que todo eso era mentira. Aquí os intentaré enseñar que tengo razón. Para eso usaré mis versos.
viernes, 1 de julio de 2016
El placer de la noche
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