Y como alcohol para tus eridas
Me piediste que te recitara un verso
Y yo, idiota de madrugada,
Me preguntaba que le veias
a mi poesía
Pues siempre pedías un verso,
Una estrofa,
Algo.
Nunca tuve valor para preguntartelo
¿Por que?
Quien sabe,
Quiza era miedo,
Miedo a la respuesta desconocía,
Miedo a esos polvos blancos
Que con esmero guaradas bajo la cama,
O a ese olor raro de tu tabaco.
Y siempre acababamos igual
Cuatro versos,
No necesitabas mas,
Y sin darme cuenta
Encendias la radio
Y me invitabas a bailar.
Los dos, colocados de amor
asta la médula,
Nos abrazabamos y cerrabamos los ojos
Te escuchaba suspirar
Y siempre, con voz baja,
Me decias lo mismo
"Pronto todo acabara"
No hay comentarios:
Publicar un comentario