Y sonarán las campanas esta mañana.
El frío hará mella,
en su desgarrador sonido.
Bañará el suelo de lágrimas.
Barrerá las flores y la alegría.
Y te barrerá a ti con ellas.
Te veré en un tu dichosa belleza.
Te veré en esa caja de cristal.
Derramaré lágrimas piadosas
por nuestras almas pecadoras.
Y rogaré a Dios
que corte mis hilos con este mundo
y me lleve contigo a ese lugar incierto,
a ese laberinto de preguntas
de las que ni tú extraes la respuesta.
Me iré contigo de la mano,
y juntos descubriremos la muerte.
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