Ojeaba la vida,
como quien habla a una pared.
Dije que no a la verdad
y renegué del imbecil del espejo.
Acaricie tu cintura,
como quien abraza la inmortalidad,
como un pájaro al volar.
Y me pregunto quien me llamó loco,
¿se habrá consumido ya su cigarro?
Me pregunto
que sería de quien dijo que amar
era de ciegos.
-Tú me limitas a cerrar los ojos-
No hay mejor lema que carpe diem,
más si viene seguido de tu locus amoenus.
Aprendí a charlar con mis demonios
con pipas en el parque,
a beber asta que me deslumbras con tu luz.
Culminaría mi vida con un beso,
con un beso con sabor a verso,
y un poema con aroma a sal.
Fugaz estrella estampa mi cielo.
Siempre me han enseñado que escribir es algo aburrido. Hace ya un tiempo que mis ojos se abrieron y descubrieron que todo eso era mentira. Aquí os intentaré enseñar que tengo razón. Para eso usaré mis versos.
viernes, 24 de junio de 2016
Poema con aroma a sal
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