Crujió el techo de la soledad,
hablando los callados y mudos
de dios sabe que parafernálica historia,
quiza fue el cielo
quien aviso a tu mano de la mia.
Se inundó de besos la oscuridad,
maldiciendo a Dios por lo bajo.
Cayó el frio bajo mis pies
-supuse que el calor eran tus labios-
Nacieron fronteras rotas
de besos y otros venenos.
¡Cuantas amistades nacieron
en aquella barra de carretera!
Y es que en él quizá nació la duda
-yo en eso era un experto-
Siempre me han enseñado que escribir es algo aburrido. Hace ya un tiempo que mis ojos se abrieron y descubrieron que todo eso era mentira. Aquí os intentaré enseñar que tengo razón. Para eso usaré mis versos.
lunes, 27 de junio de 2016
La barra del bar
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