domingo, 4 de marzo de 2018

La frontera

Cruzaste la frontera
y te volviste el misionero de esos ojos negros
que no necesitaban
de ninguna religión.
Callaste bocas y fundiste suspiros,
supiste arreglar grietas
dignas de tardes enteras de café.
Te pusiste el cartel de loco a la espalda,
mientras los murmullos de las luciérnagas
brotaban a tu alrededor...
Tú eras ginete de cuatro estaciones
mientras ella te decía
que el verano nunca se terminaba.

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