Cruzaste la frontera
y te volviste el misionero de esos ojos negros
que no necesitaban
de ninguna religión.
Callaste bocas y fundiste suspiros,
supiste arreglar grietas
dignas de tardes enteras de café.
Te pusiste el cartel de loco a la espalda,
mientras los murmullos de las luciérnagas
brotaban a tu alrededor...
Tú eras ginete de cuatro estaciones
mientras ella te decía
que el verano nunca se terminaba.
Siempre me han enseñado que escribir es algo aburrido. Hace ya un tiempo que mis ojos se abrieron y descubrieron que todo eso era mentira. Aquí os intentaré enseñar que tengo razón. Para eso usaré mis versos.
domingo, 4 de marzo de 2018
La frontera
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