Dejé claras mis intenciones por tu cuerpo.
Hablaba un idioma que solo tu entendias,
entre caricias y suspiros... Tu me escuchabas.
Nos creíamos los reyes del mundo,
con los cristales empañados
y la sonrisa asomando tras tu fuego.
Nos sentíamos iguales,
nis creíamos dioses,
eramos la llama incandescente del deseo.
Me susurrabas al oído que me querías.
Y yo, no era más que un millón de auroras
jugando a creerse inmortal.
Tan fino como el aleteo de una mariposa
y tan extraño como un te quiero.
Siempre me han enseñado que escribir es algo aburrido. Hace ya un tiempo que mis ojos se abrieron y descubrieron que todo eso era mentira. Aquí os intentaré enseñar que tengo razón. Para eso usaré mis versos.
jueves, 27 de octubre de 2016
Mis intenciones
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